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Cuento para reflexionar: el árbol de los problemas

arbol de los problemas | universo thetahealing

Todos tenemos nuestros propios problemas y preocupaciones, esto es un hecho y aunque intentemos quitarlos de encima aparecen otros nuevos, ya sea con el trabajo, familia o amigos, encontraremos problemas a lo largo de nuestro camino.

El mayor problema de esto es hacer que nos afecte demasiado, que no cambie el carácter y que descarguemos nuestra ira contra otras personas que no tienen nada que ver con aquello que nos preocupa. La meditación, por ejemplo, es una genial forma de aliviar o evitar que esto ocurra, pero está claro que el poder para colocar los problemas en su sitio, al fin y al cabo, está siempre en uno mismo.

La persona protagonista del cuento que compartimos a continuación lo tiene bien aprendido y no deja que los inevitables problemas le afecten en su hogar, mirad cómo lo hace 🙂

“Había contratado un carpintero para ayudarme a reparar mi vieja granja.
Él acababa de finalizar su primer día de trabajo que había sido muy duro. Su sierra eléctrica se había estropeado lo que le había hecho perder mucho tiempo y ahora su antiguo camión se negaba a arrancar.
Mientras lo llevaba a su casa, permaneció en silencio y con la mirada sombría.

Una vez que llegamos, me invitó a entrar y conocer a su familia. Pero antes de entrar por la puerta se detuvo brevemente frente a un precioso olivo centenario y tocó el tronco con ambas manos.

Al entrar en su casa, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara sonreía plenamente. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. La energía había cambiado completamente. Posteriormente me acompañó hasta el coche.
Cuando pasamos cerca del olivo, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo visto cuando entramos.

– Ese es mi árbol de los problemas, – contestó – Sé que no puedo evitar tener problemas durante el día como hoy en el trabajo por ejemplo, pero no quiero traer estos problemas a mi casa. Así que cuando llego aquí por la noche cuelgo mis problemas en el árbol. Luego a la mañana cuando salgo de mi casa los recojo otra vez.

– Lo curioso es, – dijo sonriendo – que cuando salgo por la mañana a recoger los problemas del árbol, ni remotamente encuentro tantos como los que recuerdo haber dejado la noche anterior.”

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